sábado, 5 de agosto de 2017

LOS RELOJES DERRETIDOS DE DALÍ Y DÓNDE SE MARCHA EL TIEMPO DE LAS MADRES


¿Os ha dado alguna vez la sensación de que el tiempo que tenéis no basta para nada?

¿Recordáis aquellos viejos tiempos en los que te podías tumbar a leer un libro, ver una peli, despertarte a la hora que te viniera en gana en fin de semana? 

Yo procuro no pensar mucho en ello porque me daría algo, pero si algo me falta en el día son horas. Acabo la jornada cansada a más no poder, la casa no muy limpia que digamos y mil proyectos pendientes de hacer. 

Ayer me acosté a la hora de la niña en verano, a las 22.30 y trasteé un buen rato en mi móvil para cotillear mi grupo de facebook favorito, envié unos whatsapps a unas amigas y caí rendida! Ya ha pasado casi la mitad del verano y las horas pasan muy pero que muy deprisa, los días se funden unos con otros.

Al nacer Julia dejé de trabajar y acordé con mi marido apretar el cinturón hasta que cumpliera dos años, o en su defecto hasta que me quedara embarazada de nuevo. No trabajar fuera de casa hace que pierdas la noción "normal" del tiempo. No hay nada que diferencia prácticamente un martes de un viernes, las anotaciones del calendario han cambiado de reuniones y conferencias a citas con el pediatra y poco más.

Dejar el trabajo no es fácil, abandonas el mundo de los adultos durante una buena temporada, no tengo grandes conversaciones interesantes, ya no discuto de política, ni investigo sobre mi profesión. Mis amigas, que son de las mejores, siguen viéndome, pero no estamos en el mismo punto ya. Soy la única que tiene un  hijo y las charlas sobre los trabajos, conciertos, fiestas y viajes se me hacen algo extrañas.

Los meses pasan deprisa y los días que comienzan con gran energía por parte de las dos, acaban alargándose cuando ya no podemos más y se acerca la hora de dormir.
El tiempo se funde, como el de los cuadros de Dalí. Me imagino el día que me tenga que reincorporar a la vida laboral con ilusión pero al mismo tiempo con miedo. Julia crecerá e irá algún día al cole, será un poco menos dependiente, pero falta aún mucho tiempo.

El cuadro sobre el que os hablo hoy es una obra de Salvador Dalí, de 1931 y aunque todo el mundo la llama Los relojes blandos o Los relojes derretidos, se titula La persistencia de la memoria. Para Dalí el tiempo y la memoria eran algo fugaz y relativo. 

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